Aunque Xbox Series S lleva meses en el mercado y en alguna ocasión hemos podido ver su interior en algunos vídeos sobretodo de reparación, hasta ahora no habíamos visto un análisis completo de su interior, algo de lo que se ha encargado Digital Foundry en su último vídeo, poniendo en evidencia lo simple, pero también eficiente de su diseño.

El desmontaje llega despues de que “en un accidente” la Xbox Series S haya quedado inutilizada, por lo que para Rich Leadbetter ya no le quedaban excusas como para no desmontar la consola y ver su interior. La pequeña de las Xbox Series es de un tamaño menor que Xbox Series X, alberga una doble carcasa de plástico exterior y una interior metálica antes de poder acceder la hardware de la consola, la cual solamente se abre para los distintos puertos y para el generoso ventilador que se encarga de refrigerar el SoC.

La consola se abre desde su parte inferior retirando la carcasa de plástico deslizante, pero nos esperan muchos más tornillos para poder retirar la parte metálica, nota especial a que Microsoft ha marcado de color negro los tornillos que sujetan el disipador, ya que es importante no retirarlos durante esta fase. Retiran la otra parte plástica de la carcasa y unos tornillos más y un pequeño PCB a retirar nos separan de abrir ya completamente la consola.

Una vez dentro vemos que todos los componentes están marcados como lo que son y son fácilmente sustituibles en caso de reparación, ya que el pequeño PCB lateral es facilmente sustituible al igual que el ventilador o la fuente de alimentación. El disipador que refrigera la consola es de pequeño tamaño, pero con un diseño de calidad con tres heatpipes presentes y además un agarre trasero que asegura la presión contra el SOC. El disipador no solamente refrigera el SOC, sino también tiene un espacio de cobre para dos de los cuatro chips de RAM GDDR6 que se encuentran en la parte superior. Esto tiene una explicación, ya que Microsoft ha instalado una placa de cobre que conecta con el resto de la memoria RAM y el propio disipador, que aunque no se trata del método más eficiente probablemente se ha optado por esta solución debido a que no toda la GDDR6 proporciona el mismo ancho de banda y no tiene las mismas necesidades de refrigeración.

Hablando de la memoria GDDR6, cuatro chips se encuentran en la parte frontal sumando 8GB de memoria GDDR6, mientras que un quinto chip en la parte posterior completa los 10 GB de memoria GDDR6 obviamente sin disipar, ya que se trata de la memoria más lenta de la consola pensada para el sistema operativo.

El SSD de 512GB incluido en las Xbox Series S es un Western Digital SN530, un modelo no fácilmente reemplazable debido a su formato 2242 que no es nada habitual en el mercado de SSD NVMe, por lo que sería difícil encontrar unidades en el mercado de reemplazo a no ser que provengan de una Xbox Series X o algún equipo premontado OEM que opte por este tipo de unidades, algo que tampoco es muy habitual precisamente.

Obviamente Xbox Series S prescinde del lector Blu-Ray lo que permite ahorrar mucho espacio, sumado a que su SoC AMD de 8 núcleos de CPU y 20 CU RDNA 2 tiene un consumo muy bajo, lo que ha permitido disponer de una refrigeración contenida y una consola de un tamaño ridículo si la comparamos con las PlayStation 5 y Xbox Series X, incluso con la PlayStation 5 digital. Sin duda, el precio de 299€ es atractivo para Xbox Series S y si añadimos Xbox Game Pass puede volverse una consola tremendamente atractiva pese a no tener un objetivo 4K como las consolas más ambiciosas de la nueva generación.

Apasionado de los videojuegos, el hardware y el entretenimiento audiovisual, mi propia trifuerza que trato de plasmar cada día en Gamerbits.
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