Durante los últimos meses ha habido un debate intenso sobre el enorme consumo eléctrico mundial que produce la minería de criptomonedas, ya que las operaciones de minería y los pequeños mineros ya sumaban el consumo de un pequeño país por si mismo. Esto suponía un argumento medioambiental contra las criptomonedas, ya que eran señaladas por las emisiones CO2 a la atmosfera, debido a que una parte de la generación eléctrica sigue utilizando combustibles fósiles en centrales térmicas.

Rápidamente el sector anti-criptomonedas se agarró fuertemente al argumento de la contaminación causada por la minería, lo que provocó que el fabricante de vehículos eléctricos Tesla, que había comenzado hace poco a aceptar pagos en Bitcoin, retirara esta opción debido que no veía viable que sus vehículos “verdes” (lo puntualizo más tarde) se sirvieran de pagos contaminantes.

En su momento ya advertí de que este era un discurso altamente hipócrita, ya que el verdadero contaminante no es quien utiliza la electricidad, que no sabe exactamente el mix de producción eléctrica que utiliza excepto contadas ocasiones donde se ubica a grandes consumidores cerca de fuentes concretas, sino que el verdadero contaminante son los productores de energía que siguen utilizando energías no renovables, o que generan residuos a largo plazo como la energía nuclear.

El punto del error de este argumento es que realmente puede aplicarse a cualquier consumidor eléctrico, ya que en su día ya ponía en evidencia que los vehículos Tesla no se recargan mágicamente, sino que también utilizan la red eléctrica y sobretodo se aprovecha la carga nocturna, donde principalmente operan las centrales térmicas cuando la energía solar o eólica no está disponible. Todo esto sin contar que todo el proceso de fabricación de un vehículo, contando soldaduras, fabricación de plásticos, metales o las propias baterías de litio que utilizan es necesariamente contaminante, por muchas placas solares que pongas en el techo de tu Gigafactory.

Obviamente era previsible que el discurso ecologista, que ya critica el coche eléctrico por el aumento del consumo eléctrico global que provocará su adopción, se acabaría fijando en un viejo frente, que no es otro que el entretenimiento electrónico. En las ultimas semanas ya comienzan a verse algunos artículos por la red señalando el consumo elevado de electricidad que puede tener un PC gaming, donde por ejemplo una RTX 3080 puede llegar a consumir más de 300W y si sumamos el resto del equipo podemos llegar a más de 400W o 500W de consumo total. No se olvidan tampoco de las consolas de nueva generación, ya que una PlayStation 5 o Xbox Series X puede llegar a tener un consumo elevado de 300W en total, aunque por lo general se mantienen por debajo de esa cifra en la mayoría de títulos.

Ya en el lanzamiento de Xbox Series y PlayStation 5, la revista TIME celebraba justamente a Xbox Series S por ser la consola ideal con un consumo reducido frente a sus hermanas menores, un articulo donde ya os conté que la Union Europea siempre ha tenido sobre la mesa algún tipo de normativa que limitara el consumo de las GPU o el hardware Gaming, pero que nunca se ha llegado a avanzar, ya que se planteaban consumos máximos de 150W a 250W, lo que hubiera dejado a la UE condenada a la gama baja y media de equipos.

Ahora son las consolas y PC gaming también los culpables del consumo eléctrico que genera emisiones CO2 en el mundo, ya que al parecer, somos también los jugadores quienes generamos un consumo eléctrico igual no tan grande como la minería de criptomonedas, pero si lo suficientemente grande para que se nos culpe del uso de centrales térmicas y obviamente, se criticará por no ser un uso “necesario” de la electricidad.

Desde mi opinión y sin animo de defender las criptomonedas, pienso que el haber apoyado el discurso hipócrita de la contaminación por el enfado de cara a no haber podido conseguir GPU durante esta época de escasez que ya parece estar llegando a su fin, probablemente ha provocado que los legisladores vuelvan a sacar de los cajones esas ideas locas de revisar el consumo eléctrico de los productos de entretenimiento.

El futuro viene cargado de vehículos eléctricos que cargarán aún más las redes eléctricas de todo el mundo y mucho me temo que ante la incapacidad de aumentar la producción a un ritmo suficiente, lleguemos a un debate sobre que es prioritario y se lleguen a legislar limites en contra de nuestro hobby.

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