El problema de Halo: Infinite es Xbox One, su versión podría cancelarse

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Lanzar juegos que funcionen correctamente en las consolas de la actual generación y en los de la próxima parece a ojos de los jugadores una tarea sencilla, ya que si algo funciona bien para la actual consola, funcionará mejor en la siguiente. Desgraciadamente no es así, puesto que la potencia de la consola actual, puede lastrar al desarrollo del juego hasta el punto que haya que utilizar unos mínimos tan bajos que afecten a su acabado global.

Al parecer esto es lo que está ocurriendo con Halo: Infinite y su lanzamiento en Xbox One, ya que según el insider Sponger de ResetEra, 343 industries estaría encontrando problemas extremadamente graves en el desarrollo del juego, no pudiendo utilizar muchas bondades que serían posibles simplemente haciendo el juego nativo de Xbox Series X.

Al parecer el juego es incapaz de lograr la resolución 1080p en Xbox One S (imaginamos que el problema podría ser incluso peor en la Xbox One original) provocando que el juego baje incluso de los 900p y que tenga varios problemas al cargar texturas y otros objetos, problemas que serían incluso peores que los vistos en la demo. La idea de 343 Industries es abandonar definitivamente el soporte para Xbox One y retrasar el lanzamiento hasta 2022, lo cual permitiría al estudio reformar el código a nivel de motor para mejorar la carga de texturas y objetos, que el juego utilice Ray Tracing de forma nativa, mejorar la geometría de los modelos, el post-procesado y añadir más interacciones para hacer uso de la CPU más potente de la próxima consola de Microsoft.

Este es un problema que ya advertí en alguna de mis entradas anteriores, hacer un juego para ambas generaciones provoca que el juego este limitado en desarrollo a la CPU limitada de Xbox One, a los 8GB de memoria compartida y al disco duro mecánico de la consola. Abandonando el soporte de Xbox One para Halo: Infinite con un conveniente retraso que ya no justificaría su lanzamiento, 343 Industries podría trabajar sobre la base de la CPU de 8 núcleos y 16 hilos a 3.8 Ghz de Xbox Series X y Xbox Series S, con un mínimo de 10GB de memoria compartida en mente del modelo S y en el mejor caso los 16GB del modelo X, por no hablar de las ventajas de un SSD NVMe PCIe de tercera generación que permitiría unos tiempos de carga hasta 30 veces más rápidos.

En el peor de los casos Microsoft como mucho debería plantearse un port inverso hacía Xbox One, como en la actualidad sucede con juegos de Nintendo Switch como Doom, Doom Eternal o Wolfenstein II, que con claras rebajas del apartado gráfico y otros sacrificios técnicos logran ejecutarse en una consola mucho menos potente. Sacrificar al juego de nueva generación ya se ha comprobado que no ha sido la gran idea de Microsoft, viendo la decepción causada tras su presentación, ya que todo el mundo esperaba que Xbox Series X pudiera hacer mucho más de lo visto en aquel día y todos sabíamos que ni el milagro del Ray Tracing iba a salvar a Halo: Infinite.

Eloy Puigcerver
Apasionado de los videojuegos, el hardware y el entretenimiento audiovisual, mi propia trifuerza que trato de plasmar cada día en Gamerbits.